TUMBARAO. IMPULSOS VITALES. EROS - THANATOS
Los disidentes sexuales
La sociedad ha destinado lugares para "los malditos", donde se recluye a aquellos seres humanos arrojados por la comunidad que luego enfrentarán el horror de sus exilios. Se desea cubrirlos, incinerarlos y finalmente deshacerse de ellos, como el desperdicio maloliente que toda ciudad defeca.
Ancianos empobrecidos, mendigos, alcohólicos, enfermos mentales, leprosos y delincuentes de todas edades habitan estos lugares, para no dañar con su presencia -y sobre todo con sus actos- el espejismo inmaculado de la elegante metrópoli.
Gabriel Weisz Carrington
Como los describe Carrignton en su ensayo sobre la máscara de Genet. La sociedad pulcra y reluciente, los ha condenado de manera irremediable a la clandestinidad. Sus amores no tienen cabida en una sociedad plagada de castas sociales, políticas y religiosas en su inmaculada respetabilidad
Tumbarao en su urdimbre se retroalimenta de la literatura de los llamados "poetas malditos". Aquí el vicio se vuelve virtud, el exceso cotidianidad, la violencia se torna en caricia y halago, porque es el único asidero que estos personajes tienen para sobrevivir en un mundo que les niega el natural derecho a la existencia. El expectador-lector solo tiene dos opciones viables; odiarlos y repelerlos ó ser solidario con ellos e incluso amarlos. Pero nunca te perdonaran la indiferencia
Vivimos en la tensión constante, producto de dos impulsos vitales, en lo biológico-psicológico, amor a la vida y amor a la muerte. Jung los denomino, Eros y Thanatos. Estos personajes, los de Tumbarao, aman profundamente la vida (Eros) pero son obligados a vivir en el área obscura de la misma (Thanatos). Su lucha es el resultado de sobrevivir el conflicto existencial constante que los acorrala.
Verlos desde ese punto, su viaje vital esta condenado al fracaso, la sociedad no tiene un lugar para ellos. Así, transitan tomados de la mano entre el melodrama, lo ridículo, incluso dentro del esperpento, reclamando su elemental derecho a una existencia sin prejuicios. Fuera de etiquetas. Sin mordazas, sin cadenas ni condenas. La exposición de sus modos de ver y vivir la vida es un desgarrador grito exigiendo y clamando por su "¡Libertad de ser!".
Julián Pizá


