TUMBARAO GUIÓN DE CINE 2005. REFLEXIONES
Los dichosos artículos antepuestos al apodo
Las historias de manera natural buscan su propio formato. Juegan a contarse de diversas formas. Se expanden o contraen, los protagonismos se intercambian, o bien dejan el tablado para proyectar un punto en particular de la historia de acuerdo a como lo vive un personaje determinado. Entran y salen nuevos personajes.
No existen reglas fijas, ni recetas de cocina que puedan guiar al escritor narrador en el camino, es más, en varias ocasiones se inician nuevos caminos. Los esbozos se reconstruyen y trazan según el desarrollo de los eventos.
Tumbarao, en un inicio, se propuso como un ejercicio de dramaturgia. Esa fue la semilla que se sumergió en la fértil tierra del subconsciente y echó raíces, sin apenas mostrar un mínimo brote. Un día de pronto, apareció una pequeña brizna que miro al sol creativo, dio sus primeros retoños y entonces se propuso como un genero dramático, pieza dramática, con tintes de farsa. Los latinos y en especial los mexicanos vivimos inmersos en el.
Tres personajes titubeantes, apenas esbozados, interrelacionados en un soliloquio en busca de un interlocutor interesado en escuchar sus historias, con un testigo mudo, un personaje esbozado y planteado como una silente figura bidimensional. Esté en algún punto del proceso de montaje se volvió tridimensional, Mesero.
El dramaturgo cuenta la historia de un modo y desde su particular punto de vista, esa es su contribución. El director de la puesta en escena, interpreta y aporta. El actor por su parte, le da cuerpo y gestos al personaje, agrega su propia vivencia e intuición, explora, descubre e interpreta. Algunas veces este trinomio no es un matrimonio bien avenido, otras sucede que la empatia les gana y los hechos ocurren, se vuelven tangible memoria de la diferencia creativa.
Cuando los personajes son solidos y con rices profundas en su conducta, resisten tales ventarrones y esperan otros tiempos para mostrarse como ellos quieren. En Tumbarao teatro, los personajes tenían por primer nombre el artículo "él" o "la" y como apellido o en su caso segundo nombre el mote por el cual se les reconocía. Y así subieron al escenario y representaron galas, función tras función; El Nene, La Barroca, La Tetis, El Mesero.
Por el dichoso artículo antepuesto, La, que en lo práctico es femenino, Barroca entró en la confusión, genérica, y se convirtió, muy en su contra en un híbrido acomodaticio.
Años después, casi una década, al abordar el formato de guión, los dichosos artículos hicieron mutis por piernas. Ahora los personajes, se naturalizaron con su segundo nombre, Nene, Barroca, Tetis, Mesero. Así, llanos, sin posibles identidades equivocas. Ya la diégisis de la historia y su mundo diegético se encargarían de darles el lugar que a cual le correspondiera.
