IN MEMORIAM. HUGO ARGUELLES 1932 – 2003 †
EL EXAMEN. ANECDOTA
Pasaron los años, estrené Tumbarao, Ave Maria, Paulina en Belem. Un día, por la tarde acudí a las instalaciones de SOGEM por una celebración y asamblea general. Durante el convivio me encontré con Hugo. Lo saludé, me saludo. No recuerdo de que hablamos en ese momento. Siguió atendiendo a otras personalidades. Hable con algunos compañeros de mi generación. Después de un rato decidí retirarme, pues los asistentes se congregaron en grupos con temas en común o de rama.
En el elevador de nuevo me encontré con Hugo. Entonces me dijo que había estado siguiendo mi carrera. Agradecí la información. Me despedí. Con una mano en el hombro me preguntó a donde me dirigía. Me ofreció viajar con el, junto con su chofer. Ambas colonias colindantes a la Av. De los Insurgentes.
FOTO TOMADA DE INTERNET
Durante el trayecto me pregunto que estaba escribiendo, dijo ¿Porqué sigues escribiendo? Respondí afirmando. Estaba escribiendo una obra teatral cuyo título tentativo era Dragones, (Desiertos desengaños, es el título definitivo) Se quedo pensativo. El chofer aceleró el auto.
Hugo, en tono bajo pero firme ordenó:
—Chingados, bajale. Qué llevas una gloría nacional y quiero llegar vivo. —me pregunto— ¿Llevas prisa?
Negué con un gesto. —Ahí está. No llevo ninguna prisa.
Al chofer asistente no le gustaba manejar a menos de 40 en plena Av. De los Insurgentes. Disminuyo la velocidad. Entonces Hugo dijo:
—Ten cuidado, Dragones ya existe como parte de varios títulos de novelas. Busca algo menos común. ¿Qué más estas escribiendo?
—En realidad solo son bosquejos y algunas ideas. Recuerdo que usted me dijo que quizá no llegaría a escribir algo relevante. Que al paso del tiempo se vería si tenia algo que decir. —respondí— Maestro mejor cuénteme ¿que esta escribiendo?
—No escribo nada. Ahora investigo sobre la vida de San Agustín. —Guardó silencio un rato— Regresando al asunto de tu escritura. Me asombra la resiliencia que tienes para responder a la adversidad. Para aclararte las cosas, lo que dije fue una prueba. Ahora veo que sigues escribiendo.
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En ese momento me quede mudo. Fue una sorpresa. Después me preguntó donde vivía. Respondí. Indico a su chofer que me dejarían en mi casa. De esa manera el estaría más tranquilo. Añadió:
—A mi ya me cargó la chingada. Poco falta para que baile con la huesuda. —Silencio— Te voy a pedir una sola cosa. Si en algo aprecias lo poco que pude enseñarte, nunca dejes de escribir. Tienes talento, las herramientas y el estilo se afina con el paso del tiempo.
Fue una conversación muy singular. Hugo dejó de lado lo alvaredeño de su lenguaje. Se mostró afable. Meses después se le festejaría por trayectoria en Palacio de Bellas Artes en CDMX en 2003. Después del festejo no lo volví a ver, semanas después se fue de farra con la Catrina. † Q.E.P.D.
JULIÁN PIZÁ